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Últimas entradas

El extraño caso del hombre que quiso placar a Vargas Llosa

10 octubre, 2010 Publicado por

Virtualmente Mario Vargas Llosa ganó el Nobel hace muchos años. Para su crédito literario no hubiera importado que nunca se lo hubiesen concedido. De hecho, el error de la Academia habría sido hacerse la sueca hasta que Vargas Llosa —que ya es inmortal pero que algún día habrá de dejarnos— ya no pudiera recoger el galardón con sus propias manos. Ese error habría quedado para siempre lastrando el tejado de la Academia Sueca.

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Jazz profano, jazz divino

20 junio, 2010 Publicado por

Yo había escuchado a Bill Evans antes, pero hasta hace unos días no lo había visto tocar en una grabación que resulta ser uno de los mejores recitales de Jazz que hubo en Londres en marzo de 1965.

Ver y oír a Evans es una extraordinaria experiencia estética, sobrecogedora y única. El cuerpo de Evans, enjuto, impasible y de extrema elegancia, transmite una enorme carga emocional provocada por la posición que va adoptando progresivamente ante el piano. Su repeinada cabeza se va inclinando poco a poco hasta conseguir clavar su barbilla en el pecho y su frente casi en el teclado. Es como si quisiera introducirse en el piano y fundirse con él.

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Far West: hasta que llegaron Charlier y Leone

16 mayo, 2010 Publicado por

«Solamente la existencia de Caín nos hace amar a Abel.»

Sergio Leone

A veces se producen ironías como que el paralelismo entre cómic y cine, y hablo del western, sea más claro en Europa que en la propia cuna de ese género cuyas raíces son profundamente americanas, y que quizá por ello mismo debería liderar también, con pleno derecho, el territorio de la novela gráfica, y no lo lidera.

El western contemporáneo nace en la década de los sesenta. En cine su máximo exponente es Sergio Leone, que en 1964 estrena Por un puñado de dólares; en 1965, La muerte tenía un precio; y en 1966, El bueno, el feo y el malo. En cómic, un narrador, como él mismo se hacía llamar, inicia en 1963 la saga Blueberry. Ese hombre es Jean-Michel Charlier.

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Salinger, Salander

15 febrero, 2010 Publicado por

El pasado 26 de enero, aparentemente por causas naturales, empecé a releer El guardián entre el centeno, en español, casi veinte años después de haberlo leído en inglés. Con Salinger yo había aprendido el vocabulario de Holden Caulfield: aquellos phoneythat killed mehell outjunksshoot the crap, sus finales de frase at allor anythingor something, que me sonaban tan auténticos, tan propios de la jerga adolescente, y sin que el inglés fuera mi idioma nativo.

El 24 de enero, aparentemente por causas naturales, me había topado en el rastro con la versión española del libro de Salinger. Era la edición de Alianza, de portada tan escueta y sobria como mi vieja edición de Penguin. Quise acceder al lenguaje de Holden, pero esta vez en mi idioma, para apreciar si la traducción le había tomado el pulso al texto original, por lo que compré la novela, que no empecé a leer, como ya he comentado, hasta el día 26. Al día siguiente, por una de esas carambolas en las que la ficción le tiende un puente a la realidad, fallecía Salinger, aparentemente por causas naturales, a los 91 años.

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Arquitectura pintada, arquitectura escrita

21 diciembre, 2009 Publicado por

Aldo Rossi (1931-1997) escribió en 1966, posiblemente, el mejor libro teórico de arquitectura del siglo XX: La arquitectura de la ciudad. Redactó su tratado llevando a cabo una exhaustiva revisión histórica. Su intención era conseguir una arquitectura objetiva, con un alto grado de abstracción disciplinar y sin perder nunca el contacto con la realidad. Pero pronto se dio cuenta de las dificultades de su proyecto, y esa realidad se convirtió en algo inaprensible y cada vez más subjetivo y personal.

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Lapsus cálami: ¿cristianos o pepinos?

24 noviembre, 2009 Publicado por

El porqué unos somos capaces de leer documentos antiguos con más facilidad que otros es un misterio.

Naturalmente, la lectura paleográfica se aprende, como cualquier disciplina, a base de tesón y de dedicarle muchas horas. Pero hay condicionantes que influyen en el resultado final de una buena transcripción y que no dependen de la voluntad de quien la realiza, es decir, no de la voluntad del paleógrafo en ese momento determinado. Me refiero a que el mayor o menor acierto a la hora de transcribir dependerá siempre del bagaje cultural de quien acomete la tarea. Se tratará, pues, de algo adquirido a lo largo de muchos años de lectura y aprendizaje en materia de humanidades.

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