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Víctimas de nada: obituario reciente del capitalismo

20 septiembre, 2009 Publicado por

Aunque hay más mito que realidad en el hecho de que, en 1929, los inversores afectados por el crack sufrieran una suerte de epidemia que los empujaba hacia ventanas abiertas, cañones de armas que cargaba el diablo arteramente, espitas de gas y puentes sobre aguas hipnóticas (las opciones, como es lógico, no eran acumulativas, sino excluyentes), sí es cierto que hubo algunos suicidios bien aireados a nivel mediático que cubrían todo ese espectro; también es cierto que hubo un leve repunte entre 1930 y 1932. La desesperación también admite demoras.

Ochenta años después ha habido inversores que se han tomado las consecuencias de la crisis desde prismas semejantes. Y todo por nada.

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El oxímoron digital y la mosca oculta del copyright

9 septiembre, 2009 Publicado por

Con el advenimiento de Internet (y entiéndase ese advenimiento con todas y cada una de sus correspondientes connotaciones mesiánicas) accedimos a niveles de inmediatez de la información inéditos (al principio a razón de 56 kbps, con suerte) y a una utópica percepción de universalidad. No toda la información era valiosa ni libre, y mucha de ella era y sigue siendo errónea, discutible e insustancial. Pero despuntaba ya un ideal de futuro fascinante.

Eran tiempos mayoritariamente de banda estrecha, sobre todo en España, pero ya por entonces afloraron avanzadillas de insurgentes dispuestos a descerrajar los derechos de autor. Al principio fue Napster. O dicho de otro modo, Napster fue el facilitador, pues no es que fuera cerrajero. Los eufemismos y el universo virtual no se llevan muy mal del todo. Luego, bajo el noble afán de actuar de enlaces, solo de enlaces, entre diferentes usuarios fueron apareciendo otras aplicaciones altruistas que, como por cosa de ciencia ficción, eran capaces de teletransportar archivos desde un punto A a otro B, de tal manera que, por 1999, Ana, de Portugal, le daba a conocer a Richard, de Illinois, quiénes eran Madredeus; Richard, a su vez, le dejaba a Ana píldoras, en formato mp3, de aquella prometedora artista de 22 años llamada Fiona Apple. El resto ya es historia: Audiogalaxy, Morpheus, Kazaa, edonkey2000, eMule, Torrent, etc. A la SGAE nunca le entró bien aquello, pero le abrió los ojos para obtener réditos.

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Cómic, el arte denostado

28 julio, 2009 Publicado por

No comprendo cómo ninguna clase de expresión artística se puede llegar a infravalorar, pero en estos tiempos en los que todo es válido —sobre todo cuando median las musas— hay un arte que aún se menoscaba: el cómic

El cómic es un medio de expresión que algunos tildan de menor, frívolo e incluso ligero. Me niego a creer —y he tenido mis dudas— que sea un arte menor. Desde la tira cómica, pasando por el magazine de superhéroes, hasta la novela gráfica de mayor calado, el cómic ha tenido una influencia fundamental en el arte, y especialmente en el cine. Es evidente su influencia en superproducciones americanas con toda clase de superhéroes, pero también en títulos de peso específico, como Una historia de violenciaPersépolis o Vals con Bashir. El cómic atrapa y, una vez que lo ha hecho, puedes tratar de alejarte de su universo, pero ya no te suelta, quedas irremediablemente abducido.

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Jaque mate o el arte como juego

21 julio, 2009 Publicado por

Siempre me ha parecido ver en un jugador de ajedrez al demiurgo por excelencia en pleno proceso de creación. Sentado, inamovible, con la mirada puesta en un solo punto, su extraordinaria concentración define una imagen icónica única, mucho más simbólica que la de un escritor, un pintor o un músico en el momento de su máxima inspiración. Pero, a diferencia de los anteriores, el ajedrecista espera un final, puesto que en realidad toda la elaboración de sus movimientos aspira a un desenlace trágico: vencer al rey, al otro rey, al alter ego. Rey vencido, jaque mate.

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Homofonía, profilaxis y piernas de seda

16 julio, 2009 Publicado por

La visita al odontólogo no suele ser plato de gusto para casi nadie. Como excepción, me viene a la memoria Wilbur Force, un Jack Nicholson masoquista, en The Little Shop of Horrors, la original, la dirigida por Roger Corman.

Una de las cosas que tiene la sala de espera de una consulta es la posibilidad de hojear y ojear, que ambos verbos encajan aquí, revistas a las que uno no suele acceder motu proprio.

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