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Víctimas de nada: obituario reciente del capitalismo E-mail
Editorial
Written by Francisco Javier Villalba   
Sunday, 20 September 2009 09:15
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defenesAunque hay más mito que realidad en el hecho de que, en 1929, los inversores afectados por el crack sufrieran una suerte de epidemia que los empujaba hacia ventanas abiertas, cañones de armas que cargaba el diablo arteramente, espitas de gas y puentes sobre aguas hipnóticas (las opciones, como es lógico, no eran acumulativas, sino excluyentes), sí es cierto que hubo algunos suicidios bien aireados a nivel mediático que cubrían todo ese espectro; también es cierto que hubo un leve repunte entre 1930 y 1932. La desesperación también admite demoras. 

Ochenta años después ha habido inversores que se han tomado las consecuencias de la crisis desde prismas semejantes. Y todo por nada.

 

A Thierry de la Villehuchet se le podrá tildar de muchas cosas, pero no de indigno. El que fuera cofundador de Access International Advisor se suicidó pocos días antes de la Navidad de 2008 por efecto dominó de una conocida estafa piramidal. Se le volatilizaron unos mil millones de nada a golpe de varita mágica. Sí, fue así, porque los millones no eran de euros ni de dólares, sino pura y llanamente de nada, una moneda de cambio muy en boga últimamente. Villehuchet gestionaba aquellos fondos de nada, que, para colmo, no eran ni suyos sino de sus clientes. Total, que el hombre se suicidó por nada, pero, eso sí, con dignidad. Meros daños colaterales del prestidigitador Madoff. Un simple homicidio involuntario.

Unos meses antes, hace casi un año ya, Kirk Stephenson, directivo de Oliviant, se dejó caer sobre los raíles del metro por nada. Lehman Brothers, el gigante de la banca que llevaba 158 años de nada administrando fondos, había quebrado hacía diez días. Resultaba que la mayoría de los fondos que Stephenson gestionaba estaban en manos de Lehman Brothers. Aparte de suicida, Stephenson es hoy un mártir, puesto que le han dedicado su propia web, in memoriam; un altar virtual para otra víctima de nada.

Un par de semanas después, Khartik Rajaram, antiguo asesor de PricewaterhouseCoopers y de Sony Pictures, además de inversor independiente (aunque a menor escala que Villehuchet y Stephenson), desempleado desde hacía meses y, al parecer, sometido a un estado de nervios permanente por serios apuros económicos de nada, asesinó a su mujer, sus tres hijos y su suegra antes de girar el hipnótico cañón hacia sí mismo. Dejó dos notas de suicidio, y, pese a las diferencias con el caso Stephenson, también le han dedicado una web póstuma (no puedo decir que sea un homenaje, sino un escalofriante tributo virtual) en Respectance.com, donde se leen frases como: «No seas cobarde, encara la vida como venga. No es muy difícil llevar una vida decente en los EE UU con medio cerebro». Su perfil profesional está aún accesible en LinkedIn.com, lo cual demuestra que Internet también tiene resabios macabros. 

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Podríamos seguir con Eric von Porten, Patrick Rocca, Adolf Merckle, Steven Good, Scott Coles, Edwin Rachleff, y otros casos sobre los que planean las sombras de esta crisis que va trazando funestas efemérides conforme pasan los meses y se renuevan los ciclos; las efemérides son tanto de personajes cuyas biografías ofrecen paralelismos de auge y caída (con desenlace desesperado) como de corporaciones que se defenestraron contra pronóstico. Torres más altas cayeron en otro septiembre de ventanas adosadas indefectiblemente a nuestras retinas, pero la ironía es que quizás anunciaban, en una metáfora siniestra, la fractura inminente del modelo capitalista.

Si nos desplazamos al otro extremo, el de los peones (administrativos, gestores comerciales y un largo etcétera), nos encontramos con casos prácticos como el de France Télècom, que está desolada porque sus empleados -no precisamente inversores que han conocido tiempos en los que sus patrimonios crecieron de forma exponencial- están descubriendo una rara inclinación a dejarse caer por ventanas abiertas y a hundirse cuchillos en el pecho; ninguno lo ha hecho de forma acumulativa aún, lo cual no hace más afortunado el hecho del suicidio. Hay ya veintitrés víctimas de una plantilla que -no es casualidad- se ha ido reduciendo paulatinamente en más de 20.000 personas. Hasta Sarkozy ha tenido que intervenir públicamente prometiendo que su Ejecutivo va a reunirse con la dirección de France Télècom para estudiar las razones y rebajar la presión sobre los empleados. A tenor de lo visto, no parece que el caso de France Télècom vaya a ser una rara avis en el horizonte. Menos empleados, más carga de trabajo, más presión. Así de fácil. Un viejo problema agravado por las circunstancias.

Si el sueño de la razón produce monstruos, el sueño capitalista no deja de mostrarnos que produce anomalías y contiene perversiones. Total, es nada.

Artículo publicado en Diario Sur (Vocento), Málaga, 28-10-2009.  


 

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