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Seducir al traducir: la traducción en la industria alimentaria y en la hostelería E-mail
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Written by Linda Silvester   
Wednesday, 02 November 2011 00:00
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quesoLos textos que generan tanto la industria alimentaria como la hostelería tienen básicamente dos propósitos: informar acerca de un producto y venderlo. Ejemplos típicos de estas áreas de traducción son las etiquetas alimentarias, las cartas de los restaurantes, los catálogos y las fichas informativas sobre productos.

Los textos alimentarios son normalmente tan cortos y están tan omnipresentes en nuestras vidas que a menudo ni nos fijamos en ellos. Ya sea en el caso de las etiquetas, cuyo contenido puede resultar abstracto y poco atractivo, o porque seamos víctimas de una lectura apremiada por el apetito (en el caso de la carta de un restaurante), o bien porque los textos estén dirigidos a un público reducido y especializado (como puede ser el caso de los catálogos de producto).

Los etiquetados requieren una labor de investigación cuidadosa con los nombres de los aditivos y los ingredientes, pues su función es la de informar de manera precisa acerca del contenido del producto. En estos casos, a la hora de traducir hay que seducir con la palabra, a la vez que se debe mantener esa necesaria precisión. Esto puede convertirse en uno de los grandes retos de la traducción alimentaria por varias razones.

En primer lugar, está el problema de conceptos básicos que cualquier persona originaria de una cultura concreta entendería y las connotaciones sugeridas por estos conceptos. Para un español, un puchero o un cocido no necesitan explicación y evocan sensaciones de hogar, platos caseros reconfortantes. Sin embargo, al aparecer en una carta traducidos a inglés habría que explicar el concepto de caldo con fideos o arroz seguido de las verduras, y el de la pringá, ya que el concepto de tres vuelcos no existe en la tradición culinaria británica. Además, la mera idea del tocino para un británico no es culturalmente aceptable: en el Reino Unido las instituciones públicas responsables de la salud llevan años intentando transmitir a la población que no se deben comer grasas de origen animal, y el tocino de un puchero representa esta clase de grasa en su estado más básico. Paradójicamente, el sebo es la grasa base de la mitad de las especialidades navideñas británicas (del famoso Christmas pudding, entre otros), y nuestros abuelos y bisabuelos comían dripping o scrape untado en el pan; es decir, la manteca y gelatina de vacuno, restantes del asado del domingo (aunque este último va quedando para la historia).

En la misma línea de platos que a priori no tienen la misma connotación en diferentes culturas está el porridge. Para un inglés (por no decir para un escocés) puede ser el desayuno perfecto para enfrentarse a las frías mañanas del norte. Además, en los últimos años se ha vendido como un alimento cardiosaludable para la lucha contra el colesterol malo. El mismo plato, ya en su traducción de gachas de avena (copos de avena cocidos con agua o leche, a menudo servidos con nata y azúcar), dudo que le suene a un español como un desayuno ideal, y seguro que sus ventajas alimenticias (teóricas o reales) son desconocidas por la población de este país.

Una segunda dificultad atañe a las definiciones de las palabras y los localismos, es decir, lo que entendería un nativo; para traducir hay que entender el término. No es lo mismo un gazpacho andaluz que un gazpacho manchego, por poner un ejemplo fácil. En inglés existe también este fenómeno: el muffin americano, el más conocido de los dos entre los hispanoparlantes, es un tipo de dulce, en tanto que el muffin inglés es un bollito de pan -no dulce- que se suele comer tostado. Si recibiéramos el encargo de traducir la carta de un restaurante y desconociéramos la ubicación real de éste, sería imposible saber a cuál de los dos se refiere su muffin, pues ambos estarían entre la bollería.

corte_carneOtro campo léxico que puede causar más de un dolor de cabeza es el de los cortes de carne. En primer lugar, es del todo necesario tener claros los cortes, y luego saber para qué mercado se está traduciendo. No es lo mismo traducir para la carta de restaurante que para la venta al por mayor, ni son iguales los cortes de carne argentinos que los españoles, por no hablar de las diferencias entre los cortes estadounidenses y los británicos. Contar con un buen diccionario o glosario es vital, y en este caso es muy recomendable el completísimo Glosario Políglota de Términos Cárnicos (Barcenilla Cubillo, M., Federación Madrileña de las Industrias de Carnes, 1992), que además de disponer de un glosario en nueve idiomas, incluye información (en español) concerniente tanto a las razas de ganado como a las formas de preparar las carnes.

Para el traductor, el pescado merece una mención especial como un campo de minas en potencia. Por una parte, la denominación local de un pescado no siempre coincide con el nombre «oficial», y por otra, en ocasiones se da la circunstancia de que el nombre alude a una forma de preparación de uso tan común que confunde al cliente o comensal, que puede llegar a creer que se trata de dos especies diferentes.

En el primer caso, se puede acudir a FishBase, una fuente de información exhaustiva sobre el pescado en múltiples idiomas. Aun así, no hay garantía de que se consume o se conoce el pescado en cuestión por el nombre que le ha dado la industria pesquera. En esta zona de España se consume mucho el pescado genypterus blacodes, localmente conocido como rosada. Este pescado se importa congelado, ya que viene del hemisferio sur, y por lo tanto no es muy conocido en el Reino Unido. Lo he visto traducido por muchos nombres diferentes (de pescados completamente diferentes) en los restaurantes locales, pero nunca por kingklip o ling, dos de los nombres usados habitualmente en países de habla inglesa del hemisferio sur. Al final, por desconocimiento o por astucia empresarial, siempre se opta por una traducción «pragmática»: el nombre de un pescado conocido por el comensal (turista a menudo), que querrá comer y que -a fin de cuentas- encuentra que el sabor es parecido al que recuerda o tiene como referente en su país de origen.

boqueronesPara ilustrar el segundo caso, el de la confusión entre especies y formas de preparar el pescado, pongo el ejemplo por excelencia de la anchoa y el boquerón, aunque sea por interés puro de «boquerona» de adopción.

El engraulis encrasicolus es, en efecto, el mismo pescado preparado de formas distintas. Casi cualquier angloparlante sabe que anchovy (anchoa) es un pescado marrón, muy salado, presentado en aceite, pero no se le ocurre que es la misma cosa que ese pescaíto frito de carne blanca (el boquerón) tan típico de la provincia de Málaga. De hecho, en los chiringuitos locales el boquerón a menudo permanece en la carta en inglés como boquerón y no como fresh anchovy. Tal vez de ahí vienen los verdaderos problemas que he tenido para convencer a mis compatriotas de que el boquerón y la anchoa son el mismo pescado, y que un boquerón no es whitebait, nombre que se usa en inglés para los inmaduros de casi cualquier pescado de la familia clupeidae (por ejemplo, la sardina). Por supuesto, el castellano no tiene el monopolio de este fenómeno. Sirvan de ejemplo las palabras herring, rollmop, kipper, bloater y buckling. Son todas preparaciones tradicionales del arenque, ya sea fresco, curado en vinagre o, en los tres últimos casos, ahumados de diferentes formas características.

Tal vez el ámbito de la industria alimentaria que más permite al traductor ejercer su oficio es la de los textos descriptivos para catálogos y las notas de cata de queso o vino. Aquí estamos en el terreno de documentos que informan, pero que además suelen describir una experiencia, hacer que el lector (potencial cliente o comensal) sea consciente de las cualidades organolépticas y sensoriales únicas del producto frente a los demás de su clase. Es imprescindible seducir con la traducción de tal forma que el cliente compre el producto. Todo esto con la palabra y normalmente en dos o tres líneas. Presento más abajo unos ejemplos de este tipo de traducción tanto en la combinación inglés-español, como viceversa.

Las fichas de este tipo combinan la información técnica, como los métodos de elaboración, con notas de cata, sugerencias gastronómicas y a veces incluso con información sobre el recorrido profesional del quesero o la procedencia de la leche con que se elabora el queso, que constituyen un valor añadido del producto frente a los demás quesos artesanales.

Lo más importante antes de enfrentarse a la traducción alimentaria es «entrar en ambiente». Yo siempre sigo los consejos que recibí de mis profesores de traducción de la facultad: hay que armarse de textos escritos por nativos expertos en el tema y usar el mismo tipo de vocabulario, registro y estilo que ellos.

Claro está que hace veinticinco años, en mis tiempos de estudiante, hacerse con un corpus de materiales de estas características podía convertirse en un reto enorme si uno no vivía en el país donde se hablaba el idioma destino; hoy día tenemos la información del mundo a un par de clics, pero el buen uso de Internet en la traducción, la fiabilidad de las fuentes y los cambios que la informatica ha supuesto para los traductores son harina de otro costal.

 

Muestras de traducción (fichas de queso y catálogo alimentario)


    ardaiSTILOGO agradece a ARDAI que le haya permitido publicar algunas de sus fichas de queso como ejemplos de traducción.

 

Cheddar_keen_english Cheddar_keen_spanish

 

PICONERO_Spanish Piconero_English

 

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