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Jazz profano, jazz divino

20 junio, 2010 Publicado por

Yo había escuchado a Bill Evans antes, pero hasta hace unos días no lo había visto tocar en una grabación que resulta ser uno de los mejores recitales de Jazz que hubo en Londres en marzo de 1965.

Ver y oír a Evans es una extraordinaria experiencia estética, sobrecogedora y única. El cuerpo de Evans, enjuto, impasible y de extrema elegancia, transmite una enorme carga emocional provocada por la posición que va adoptando progresivamente ante el piano. Su repeinada cabeza se va inclinando poco a poco hasta conseguir clavar su barbilla en el pecho y su frente casi en el teclado. Es como si quisiera introducirse en el piano y fundirse con él.

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