
| Arquitectura pintada, arquitectura escrita |
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| Arquitectura |
| Escrito por Sergio Romero |
| Lunes, 21 de Diciembre de 2009 16:16 |
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Los dibujos y las construcciones de Rossi se asemejaban paulatinamente a las pinturas que su compatriota, Giorgio de Chirico, realizaba sobre las ciudades: ciudades sin presencia humana y con espacios únicamente rotos por contrastados planos de luces y sombras; lugares para no habitar. Rossi ofrecía un repertorio de seres arquitectónicos más próximo a la poética surrealista que a la objetividad científica que buscaba. Es la arquitectura del vacío, del silencio; algo paradójico, puesto que se pretendía recuperar un lenguaje arquitectónico cuya máxima aspiración era la comunicación con el hombre.
Aldo Rossi, años después, nos dejó otro libro emblemático que completaría su visión personal de la arquitectura y de las ciudades. Sus escritos eran ya menos formales y mucho más íntimos, ideales e imaginarios, como las ciudades utópicas que pretendía alcanzar. Autobiografía científica (1981), posiblemente uno de los libros más bellos que he podido leer, se basa en el recuerdo y la melancolía que, a lo largo de su vida, le había transmitido la arquitectura. El libro, elaborado con extraordinaria elocuencia descriptiva y unos dibujos enormemente expresivos por su sencillez, hacen que la obra de Rossi sea una amalgama plena de geometría y memoria, que se ilustra mediante un repertorio melancólico y lírico de formas vernáculas extraídas de los paisajes de su infancia: los faros, las casetas de la playa, los quioscos de feria, el teatro y otros muchos tipos que hicieron del historiador urbano un artista-poeta. |
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